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EDUARDO JORDÁN, ENÓLOGO MIGUEL TORRES CHILE. HACER VINOS QUE MUESTREN EL LUGAR

 

Vinos honestos, frescos y que expresen la personalidad y carácter único de cada variedad de fruta, fáciles de beber y que siempre inviten a una segunda copa, es el desafío del nuevo enólogo de Miguel Torres Chile.

Son sólo tres meses desde que el nuevo director técnico de Miguel Torres Chile, el enólogo Eduardo Jordán está en funciones, y aunque admite que después de 16 años en De Martino donde en su definición fue “nacido y criado” el cambio fue una decisión compleja, pero hoy se siente mejor que nunca. Está feliz. Cuenta que a su deseo de encontrar un reto distinto, a menudo se encontraba con la barrera que no eran muchas las viñas que dieran a sus profesionales la posibilidad de crear con confianza. En Miguel Torres encontró eso y más.  “Una viña familiar que privilegia el respeto a la tierra y a su gente, la opción de explorar nuevos lugares en busca de una permanente producción sustentable; o la alegría de trabajar con cepas poco tradicionales y traerlas al presente con gloria, como el trabajo que se ha hecho con la variedad País en los terroirs de Itata”. Y agrega, “Esa motivación no se trata de algo espontáneo en la familia Torres, esta es su manera de hacer las cosas”, puntualiza.

Enólogo conocedor de su profesión

Casado con Pilar Arriagada, profesora de matemáticas, quien trabajaba en Santiago en el mismo colegio que estudiaban sus hijos Eduardo, 11; Asunción, 9 y Raimundo, 5 años; para él un tema mayor que en su momento también complejizaba la decisión de cambio. Hoy cuando todos viven felices en Curicó, Eduardo celebra además su reencuentro con la región. Y es que fue en el campo familiar en San Javier donde desde niño pasó todas sus vacaciones. Su madre, de San Javier y su padre, ingeniero agrónomo, de Talca, de ahí que su vocación por el campo y la tierra a Eduardo, no le es ajena.

Profesional integral, Economista Agrario y Enólogo, lo que le permite ver los campos, los vinos y armar proyectos a largo plazo siempre pensando en la sustentabilidad, hoy mira su horizonte con amplitud. “Mi intención es cada año tener unos tres o cuatro proyectos de innovación para presentar a la familia Torres, para su análisis y proyección”, indica.

¿Qué señas de identidad observas como propias de vinos Miguel Torres?

Rasgos propios de Torres y que me resultan muy atractivos es la línea Single Vineyard, con su línea Cordillera. Todos vinos de excelencia enológica y de distintos terroir en Chile. Sauvignon Blanc, del Valle del Elqui y de Casablanca; Chardonnay de Limarí, Ovalle; Syrah, Carmenere ó Carignan Vigno del Maule; Cabernet Sauvignon de Maipo y diversas variedades muy bien potenciadas en Curicó como Cabernet Sauvignon con Manso de Velasco, Malbec y más. En otras líneas me gusta mucho Empedrado. O La Causa, Valle de Itata, que me siento muy cercano.

A Jordán no sólo le atrae la diversidad ecológica de Miguel Torres también su innovador proyecto de agricultura sustentable, basado principalmente en prácticas orgánicas y biodinámicas. “El desafío de este proceso de producción  es mayor que la producción convencional. Obliga a estar siempre pasos más adelante entendiendo la fisiología de la planta. Entender una unidad completa y adaptarse en el manejo de sus riesgos. Producción orgánica tiene que ver con aplicar balance para mantener sana la planta y la fruta”, señala.

¿Qué planeas en viñedo para esta cosecha?

Me gusta mucho estar en terreno porque para mí los mejores vinos del mundo están relacionados con el terroir. Tenemos el desafío de mantener el nivel correcto del azúcar en los vinos llevando un estricto control de la cosecha de la fruta, que en estos tiempos se vigila de manera muy cercana debido a que las vendimias han cambiado de fecha por los cambios climáticos resultados del calentamiento global. Con esto se trata de mantener la acidez a pesar del aumento del azúcar en la fruta, y obtener vinos frescos que muestren el lugar, que expresen la personalidad y carácter único de cada variedad de fruta.

Habiendo conocido vinos y suelos Miguel Torres ¿qué iniciativas tienes previstas poner en marcha?

A mí me atrae el balance en los vinos. Vinos menos alcohólicos que ojalá no pasen los 13 grados, que la madera apenas se note y que permitan mostrar el lugar. En Miguel Torres buscamos traer a Chile el fudre para hacer la armonía entre este y la barrica vieja. El detalle empieza con buscar en el mundo quienes producen una madera que permita por un lado potenciar los colores pero sobre todo mantener los aromas de la fruta, de dónde viene la fruta. Se trata de fudres de 5.000 litros donde existe menor superficie de contacto del vino con la madera, por ende la entrega de madera será menor, quizás el vino necesitará más tiempo para la oxigenación pero de seguro habrá mayor armonía. Vinos que permitan mostrar el lugar, vinos que sean reconocibles: ‘Este es un vino de Curicó’. No vinos intervenidos por la madera, que no sé si es de Curicó, Colchagua o Maipo.

¿En esta misma dirección, qué planificas para el Valle de Curicó?

Curicó tiene muy ricos suelos y un muy buen clima, sean estos Costa o Cordillera y en Miguel Torres estamos en esa búsqueda, suelos muy buenos donde producir. Suelos que le gusten al Cabernet Sauvignon u otra variedad que podamos determinar. Entre los planes está también traer muy buenos materiales, no obstante que acá he tenido positivas sorpresas de riqueza de cepas, por ejemplo Mencía, hay muy poca planta en Chile, cepas de origen español que si se da bien buscaré sacarle el mayor provecho. También a otras variedades como Gamay. En Chile no hay Gamay. En Miguel Torres tenemos en Curicó y San Clemente. Ensayar también con Tinto Barroco, en cepas tintas y en blancas tenemos Albariño. Tenemos 16 variedades no típicas de Chile y que se introdujeron acá a solicitud de Miguel Torres papá. Les tengo harta fe que haremos un muy buen trabajo.

¿Qué esperas como producto final de tus vinos en Miguel Torres?

Mi sello principal es que cada vino principalmente de las líneas de más arriba, como la línea Cordillera, tienen que poder representar el lugar, su terroir. Si el lugar es cálido el vino tiene que mostrar notas cálidas. Si estoy trabajando un Carignan del Maule quiero que ese vino muestre cómo es la gente ahí ¿son más rústicos? ¿De chupalla, ojotas, hace frío? El vino tiene que expresarlo. Por algo esa planta se adaptó a ese lugar. El vino no debe ser maquillado. Cada vino es distinto, respetar las añadas.

Háblame de los espumantes Miguel Torres.

Me gustan bastante. Estelado con su rescate de cepa País es un vino súper bien logrado. El otro que es Cordillera Brut es un vino que va en la búsqueda de un espumante de calidad. Perfeccionable para mí todavía. Ahora estamos haciendo también pruebas con unas uvas de Osorno y le tengo mucha fe a los resultados.

¿Cuál es tu definición de un gran vino?

Es uno que me produce placer en más de una vez, que lo tome en distintas circunstancias. Es importante, porque no es lo mismo tomar un vino en la playa en la Cordillera o acá. Si bien se sienten de manera distinta, que tomarlo me continúe dando gran placer. Que tenga muy buen equilibrio, ni excesiva acidez o madurez o alcohol. Un vino que me pueda tomar por lo menos media botella solo. Y es que hay que hay vinos que tomas una copa y te sientes cansado, son o muy dulces o muy alcohólicos. Un gran vino transmite el lugar, la añada, equilibrio entre lo que ofrece la fruta versus las maderas, que sea un vino único que no se parezca a ningún otro.

One thought on “EDUARDO JORDÁN, ENÓLOGO MIGUEL TORRES CHILE. HACER VINOS QUE MUESTREN EL LUGAR

  1. Conozco tu trabajo, eres profesional, dedicado e incansable en la búsqueda de nuevas metas y desafíos. Viña Miguel Torres tiene desde este año el privilegio de contar contigo, un fuerte abrazo y el mayor de los éxitos junto a tu familia

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