MARCA MUJER RURAL

Revista One Magazine distinguió en la Región del Maule a 10 mujeres comprometidas con el desarrollo sustentable y el cultivo orgánico. Mujeres que trazan sus historias y decisiones de vida a través de sus oficios. Una producción en colaboración con el Ministerio Secretaría General de Gobierno y el Fondo de Fomento de Medios de Comunicación Social Regionales, Provinciales y Comunales.

 

PATRICIA CARREÑO: Apicultora y fabricante de productos de miel

En la ribera del Río Claro tras algunos kilómetros hacia el norte, en mitad de un paisaje hermoso que rodea de un gran cerro, lleno aromos en flor, ovejas, caballos, cabras está el apiario de Patricia, una emprendedora que arrienda este lindo espacio para dedicarse a la apicultura, una actividad a la que ella dedica su tiempo a la crianza de abejas con todos los cuidados necesarios para obtener calidad en su producción.

Apitricia lo denominó y lleva diez años dedicada a este sacrificado rubro, pero que lo vive llena de satisfacción y alegría. Patricia saca su mate y nos sentamos a conversar frente a las colmenas. Nos dice que primero debió conocer a las abejas, “y saber como éstas se comportan – tarea no fácil – y poco a poco me familiaricé con ellas. Entre tanto siempre estuve leyendo y aprendiendo cosas nuevas sobre su crianza. Ellas son súper delicadas y se deben realizar tratamientos en ciertas fechas para así dominar su vida”, señala. Sobre su trabajo comenta que lo califica en dos áreas. “Ayudo a la naturaleza preservando a las abejas y ellas me entregan sustento. Es una ayuda mutua”, señala sonriente.

Patricia cuenta que comenzó con la miel y luego derivó al polen y al propóleo y después incursionó en la cosmética. “Tengo ocho productos alimenticios gourmet a base de miel, trufas con polen, arrope y propóleo, y también subproductos como jabones, champú, bálsamo labial y cremas faciales y corporales”. En cuanto a su cercanía con este mundo, Patricia, cree que se debe a su amor por el campo y la naturaleza y a que su abuela también fue apicultora.

Para su emprendimiento postuló y se adjudicó fondos de Indap y Sercotec, desde ahí se ha capacitado en distintos talleres y a través de su participación en charlas del Sindicato de Apicultores Independientes, además de siempre consultar y apoyarse en apicultores más antiguos. Ella está orgullosa de la calidad de su productos en exhibición en distintas ferias y venta directa a clientes y a través de sus redes sociales. “La gente que siempre me busca, que es mi público permanente, es gente parecida a mí les gusta la ecología y lo natural”.

Admite que este es un trabajo difícil y que por lo mismo no puede crecer más. “Es un trabajo cansador y se necesita mucha fuerza y lamentablemente la gente le teme a las abejas”. Sin embargo Patricia está contenta con lo que ha conseguido en estos años y espera que uno de sus hijos continúe con el negocio.

Motivos de su satisfacción son la independencia que ha logrado con este negocio, además de conseguir un apiario, una camioneta y sus salas de trabajo, cosas que en un inicio jamás pensó que conseguiría.

Además explica que la sala de cosecha, envasado y preparación la tiene en su casa, donde instaló un container especializado para el emprendimiento. No obstante tiene el sueño de tener su hogar en el campo y así estar  más tiempo junto a sus abejas.

 

 

 


 

 

 

INÉS ESPINOZA: Floricultora y exportadora de peonías

Las peonías llegaron a ella como un regalo a sus deseos. “Hacía mucho que buscaba las flores. Quería cultivar flores”, cuenta. Todo comenzó en 2012 cuando un día Consuelo Márquez, floricultora, junto con su marido, la invitaron a participar del emprendimiento. “Ellos dividieron un huerto, levantaron sus rizomas y me plantearon el cultivo de estas”.

Inés cuenta que aceptó el proyecto de inmediato. Seguidamente le presentaron el comprador, quien además es el exportador de las flores y a continuación, creó su empresa Cultivos Inesan,

De profesión Ingeniero Agrónomo, Inés desarrolla su profesión en la Hacienda Agrícola Calandria, nororiente de Molina, Curicó. Aquí mismo cuenta que habló con el dueño y le propuso el arriendo de una hectárea de terreno, preparó la tierra y plantó sus recién adquiridos rizomas de rosa peonía; pero ocurrió lo inesperado. “Nadie sabía que ese suelo había sido sembrado con alfalfa y esta es muy difícil de terminar. Así que perdí todo el trabajo. Ese año tuve que levantar toda la plantación”, cuenta.  Pero persistente como es, se cambió de potrero, nuevamente preparó la tierra y el 2014 volvió a plantar. “Estoy feliz de haber perseverado”, dice.

Actualmente, cuenta con 18 mil plantas en seis variedades de colores blanco, rojo y rosado y a Europa exporta el 95% de su producción. “Es un éxito. Nosotros en Chile contamos con la ventaja comparativa de ser contraestación para Europa y Estados Unidos, así que todo lo que cosechamos se vende de inmediato”.

Sobre el cultivo de la rosa peonía dice que no presenta mayores complejidades y es una planta resistente a toda condición climática. “Sólo necesita ciertas condiciones de suelo y mantenerlos siempre desinfectados porque la peonía es una planta muy sensible a varias plagas. Cada rizoma dura diez o catorce años y es súper rendidora, cada planta puede llegar a producir cuarenta flores”. Inés nos dice que la cosecha es súper concentrada. “Súper intensa, Se trabaja con puras mujeres porque es un trabajo muy delicado. Se cosecha por variedad y no se pueden cosechar todas juntas. Cada flor de color distinto y tamaño distinto tiene un punto de corte distinto. Si ocurre que una flor se la cosecha con el botón apretado se pierde, o si se pasa el punto de corte también se pierde”. Nos dice que cosecharlas es casi como tener una relación de entendimiento con la planta para saber cuándo está lista. “Requiere experiencia y estar muy atenta”.

Para ella la experiencia ha sido fascinante. Por estos días además planifica arrendar otro campo con más extensión para dedicar todo su tiempo. “Quiero cultivar una paleta de formas más amplia y algunos otros colores como amarillo y naranjo. Para una mujer que le guste la agricultura, que le guste el campo, este es un trabajo bellísimo”, manifiesta.

 

 


 

 

PAOLA BUSTOS: Fabricante de repostería y chocolatería

Delicias Paolita es un local establecido en el mismo hogar donde vive Paola y su familia. Ahí esta emprendedora tiene su horno y todo lo necesario para cocinar y elaborar sus preparaciones. Sus elaboraciones abarcan una gran variedad de productos como alfajores personalizados, cuchuflí bañado en chocolate, cocadas, trufas, bombones, chocolates, tortas, tartaletas, pasteles, queques, etc.

La vitalidad y alegría que tiene Paola llama la atención. Una mujer acogedora, amable y muy joven, con una vestimenta ad hoc a su oficio. En el living de su casa nos ofrece sus ricos productos, mientras su hija subía en redes sociales esta entrevista para One Magazine. Es decir un emprendimiento que tiene comprometida a toda la familia.

Para ella todo comenzó a través del apoyo que recibió del programa Jefas de Hogar. Instrucciones y lineamientos que reconoce han sido básicos en la consolidación de su empresa.

Pero el inicio no fue fácil, recuerda que empezó ofreciendo sus productos en un carrito en distintas partes de Talca, eso fue hace siete años. “Comencé con tres productos: cuchuflí, cocadas y trufas y al parecer pegó el nombre, porque poco a poco la gente me empezó a buscar”. Cuando los requerimientos aumentaron hizo distintos cursos, talleres y capacitaciones, obteniendo certificados que hoy exhibe con orgullo en su punto de venta.

“Con harto trabajo después logré obtener mis máquinas y ahí pude empezar a elaborar los demás productos», comenta. Cuenta que le gusta participar en ferias costumbristas y gastronómicas, además, y que todo ese empeño le ha traido una clientela permanente que constantemente le hace pedidos.  Agrega que una de las innovaciones que realizó y que ha tenido buena aceptación entre su clientela, es que personaliza los alfajores y cuchuflí, en ellos, escribe frases, mensajes o nombres.

Su marca cuenta con autorización sanitaria y cumple con las normas para poder vender sus productos no sólo en su local y a pedido, sino que una vez al mes asiste a la feria que se instala en 1 Sur entre 3 y 4 Oriente, en Plaza Cienfuegos. “Me gusta llevar mis productos por los comentarios que me da la gente y de ahí siempre aprendo”, afirma.

Al igual que la mayoría de las mujeres emprendedoras, reconoce que“para salir adelante se necesita perseverancia, ganas, esfuerzo y dedicación, cualidades que las mujeres de trabajo poseemos”. Paola está contenta con lo que ha conseguido en estos años, aunque su mayor sueño es abrir un local en el centro de la ciudad. Un deseo que se le dificulta por falta de tiempo, y es que además de hacerse cargo de las labores de la casa, está pendiente de sus tres hijos y un nieto. “Me he estancado en algunas ocasiones, pero luego pretendo dejar las labores de dirigenta social y dedicarme cien por ciento a mi emprendimiento y ojalá contar con gente que me ayude a trabajar”, dice con ilusión.

Mientras tanto Paola reúne talento y esperanzas para lograrlo.

 

 


 

SECUNDINA VÁSQUEZ: Viticultora y líder de pequeños productores

Las 2 hectáreas y media plantadas de uva Merlot, Camino Los Coipos, Hualañé, son herencia de su padre. A poco de su fallecimiento, Secundina soñó con él. Un sueño vívido en que le pedía se encargara de la viña, ella respondía que no sabía cómo hacerlo, pero le decía que él la ayudaría. Los sueños fueron tan recurrentes que Secundina, 55 años, quien vivía en Curicó y desde muy joven trabajaba en la Casa Franco, pidió a los dueños que la despidieran. A su llegada a la viña descubrió que todas las parras estaban secas, una que otra tenía unos brotecitos. Pidió ayuda a Indap sin respuestas, tanto insistió que le ofrecieron una Ingeniero Agrónomo para hacer un diagnóstico del campo y enseñarle manejo sustentable. Con la ayuda de un trabajador arrancó el viñedo seco y plantó los pequeños renuevos.

Cerca de la primera cosecha, a Secundina le entró el temor por el bajo precio que el mercado ofrecía por la uva. Ella había oído sobre Comercio Justo y consultó a la Agrónoma quien tenía un contacto en Alemania. “En mi ansiedad, cuenta Secundina, le dije que invitara a los alemanes a una reunión a Los Coipos, que yo reunía a los pequeños viticultores. El caso era que primero había que crear una sociedad anónima para certificarse en Comercio Justo y de ahí buscar mercado y mejor precio”. Nuevamente recurrió a Indap. Les pidió convocar a los pequeños productores para crear la instancia. En la reunión sólo dos personas mostraron interés en asociarse. Decepcionada, Secundina tomó la palabra y arengó al grupo. Un asistente respondió que si ella iba adelante, él también. Suficiente apoyo, todos se sumaron a su iniciativa. Se asociaron en noviembre 2009 y en enero estaban certificados en Comercio Justo. Fue nominada Gerente de la Asociación Esperanza de la Costa y como tal, ahora buscaría a quienes comercializar la producción. Recorrió las bodegas de la región sin respuesta positiva. Fines de 2010 escribió al contacto en Alemania, le envió en detalle variedades y kilos disponibles. La ejecutiva alemana envió la información a todas las viñas en Chile.

Miguel Torres Chile mostró interés inmediato; y a día seguido un ingeniero Agrónomo empezó a visitar los campos asociados. Desde ahí han pasado 9 años que Secundina y su grupo asociado, cada año venden su cosecha completa a Miguel Torres. “No sólo que encontramos un precio justo, también entre Miguel Torres, Indap y nuestra Asociación, formamos una alianza que nos aporta a los 18 productores de pequeños viñedos orgánicos toda la asesoría técnica, desde cuidado del suelo, hasta plantas y cosecha”, dice contenta.

Hoy su viñedo cuenta con riego por goteo y propulsión automática de abono. Hace 3 años postuló a fondos de la Comisión Nacional de Riego. Obtuvo 17 paneles fotovoltaicos que hoy benefician a todos los asociados. Cuenta que este año ella cosechó entre 14 y 18 mil kilos de uva y que a la hora de vender, ella negocia para todos los asociados. No obstante aun tiene un deseo por cumplir. “Hacer mi propio vinito, pero bien hecho”, afirma; y cuenta que ha empezado a buscar algún proyecto que pueda dar a ella y a sus asociados asesorías que les permitan hacerlo.

 

 


 

ANGÉLICA SÁNCHEZ: Artesana de muñecas indígenas y telares

En el patio techado de su casa en Talca, armó un improvisado taller y exhibió todos sus coloridos productos, que desde un inicio nos llaman la atención. Muñecas encantadoras de distintas etnias, telares y cuadros de colores fuertes, llaveros del mismo estilo, un pez gigante color turquesa elaborado en lana, bolsos, etc. Angélica junto a su marido, su hija y Pascuala –su perra regalona– nos invitar a pasar.

Ella es una de los muchos talquinos que quedaron sin trabajo cuando la empresa de calzado Jarman debió cerrar su industria. Cuenta que poco a poco se reinventó y comenzó a tener su propio negocio. Comenzó haciendo disfraces, pero luego llegaron los chinos y esa idea no prosperó. Momentos díficiles pero con ingenio y talento pudo avanzar.

Fue para el cumpleaños de una amiga de su hija cuando elaboró un cojín para regalo que a todos les encanto, cuando pensó que debía dedicarse a las manualidades y a la artesanía.  Su abuela, desde niña le había enseñado a bordar, a tejer y otras técnicas, después mientras estudiaba en la Escuela de la Cultura aprendió a pintar. Con estos conocimientos hace más de cuatro años inició Artesanías Talkita. Su especialidad es elaborar muñecas indígenas y poder transmitir en ellas cultura para los niños.

Debido al trabajo de sus padres vivió en distintos lugares. Creció en Antuco, en la precordillera donde vivía una etnia mapuche, de ahí su apego y conocimientos del mundo indígena.

Para conquistar a sus primeros clientes y empezar a vender sus muñecas, cuenta que salía con un carrito a ofrecer en el centro de Talca, iba de oficina en oficina, hasta que empezó a conocer gente que le brindó ayuda y la guió para comenzar a postular a programas de distintas instituciones. Se capacitó en Prodemu y en Jefas de Hogar lo que le ayudó a darse a conocer. “Comencé a invitar a la gente a mi casa y así les mostraba mi arte. Cada muñeca y telar o cuadro que elaboro tiene una historia detrás y eso les encantó a la clientela, yo no sólo fabrico un producto sino además entrego un arte personalizado y lleno de cariño”, dice con sencillez.

Hoy las muñecas que elabora Angélica son indígenas y al igual que los telares, han dado la vuelta al mundo, ya que con sus participaciones en ferias costumbristas y diversas exposiciones, turistas extranjeros se encantan con sus colores y originalidad y se los llevan a sus países, luego ellos le envían fotografías de su arte en distintos lugares del mundo.

Angélica, agrega que levantar su emprendimiento le ha costado, que para esto hay que ser arriesgada, luchadora, esforzada y siempre positiva. Agradece las oportunidades que se le han brindado como mujer, pero tiene claro que todo tiene una finalidad y la suya es su arte y sacar a su familia adelante.

 

 


 

KAREN GUTIÉRREZ: Productora de leche y lácteos artesanales

Karen tiene la misma frase al inicio y final de nuestra conversación: “Mi papá tenía razón”. Sí que la tenía. Productora de leche y lácteos artesanales Don Nelson, en Los Castaños, sector Los Niches, Curicó, tiene 32 años y un emprendimiento familiar de crecientes resultados. Profesional en Viticultura y Enología, en 2010 partió a Nueva Zelanda para hacer práctica. Allá conoció a su novio, estudiante checoslovaco, se casaron y se fueron a vivir a Europa. Cada año venían a visitar a los padres de Karen. Su padre agricultor y productor de leche al tercer año que vinieron le contó que tenía un proyecto en mente. “Quiero hacer una fábrica de productos lácteos para que trabajemos en familia”. Karen le respondió que no era necesario. Ellos se habían situado profesionalmente muy bien en Europa, pero entendió que la idea de su padre era que vivieran en Chile.

Un año después a su padre que gozaba de perfecta salud se le declaró una enfermedad terminal. Voló urgente a Chile y llegó justo para decirle que se encargaría de sus planes, de la fábrica, del campo, de sus animales, de su mamá. Regresaron a Chile. Su padre había iniciado la construcción de la fábrica, pero se encontró con la depresión de su madre, su propio dolor, su marido que no hablaba español y la fábrica que necesitaba recursos.

En su búsqueda, coincidió con una convocatoria capital abeja de Sercotec. Era el último día para postular. Se adjudicó 3,5 millones de pesos. Sacó resolución sanitaria, adquirió una caldera y máquina pasteurizadora y se pusieron a trabajar. El queso fresco tradicional, receta de su madre fue el primer producto y empezó a recorrer la zona para comercializarlo. Resultó un éxito, después el queso fresco con especias: ciboulette, merkén y orégano al ajo. El gran flujo de clientes los llevó a crear la sala de ventas. “Desde ahí no hemos parado ni un día”, cuenta. Cuando creció el volumen de clientes creció también la línea de productos. Con su marido estudiaron la receta del yogur natural de su país. “Mi marido era el catador del punto de sabor y consistencia”, cuenta. Igual crearon el queso maduro y el mantecoso, manjar artesanal, mantequilla y helados de paleta. Cuenta que para ellos no hay temporada baja, a diario venden toda la producción, especialmente quesos frescos.

Todos los días se ordeñan laa ocho vacas de su campo, pero no alcanza. Compran a una lechería también certificada. Su objetivo es continuar su producción de manera artesanal con recetas ancestrales, campesinas, libres de espesantes, sin aditivos ni conservantes. En reconocimiento, Indap le hizo entrega de la certificación Manos Campesinas Calidad Chilena, previa certificación a la trazabilidad de su producción desde animales a producto final. En noviembre 2018, ganó el Concurso Selección Nacional Pyme. Entre 11 ocupó el segundo lugar. Un reconocimiento del Gobierno de Chile al producto y manejo de gestión. Hoy vende sus productos en Mundo Rural, Santiago, y en toda la región del Maule. No obstante espera crecer más. “Quisiera llegar con mis productos a más regiones”, dice con entusiasmo.

 

 


 

GLADYS ESPINOZA: Fabricante de jabones y aceites naturales

Nos juntamos en un moderno coworking ubicado en la Alameda de Talca, ahí Gladys junto a su marido Marcos nos esperaban para mostrarnos sus productos artesanales: aceites y jabones elaborados con aceite de oliva extra virgen.

De profesión auditora, desde 2017 junto al conocimiento de su marido de profesión bioquímico, está dedicada a la estética natural. En su empresa Tres Esteros elabora jabones naturales, libres de químicos de grasas animales y colorantes sintéticos, además de champú, bálsamo labial y bombas de baño. “Somos una empresa artesanal maulina dedicada a la fabricación de productos de belleza para el cuidado personal”, describe Gladys su emprendimiento y explica que el nombre Tres Esteros es por sus tres hijos y a la pureza de sus productos.

Ella nos dice que sus productos son elaborados “sólo con aceite de oliva extra virgen prensado en frío –que posee propiedades antiinflamatorias–  y otro ingredientes como lavanda, naranja, cacao, café de grano, miel, vino, romero, etc”. Gladiz dice que su objetivo es que sus productos aporten variados beneficios para el cuidado personal e indica que poseen propiedades antiinflamatorias. Mientras nos explica sobre la pureza y calidad de los insumos de sus elaboraciones, hace hincapié que todos sus proveedores son de la zona lo que lo hace un producto ciento por ciento con identidad maulina.

A pesar de la competencia que ha visto en el mercado, Gladys no se atemoriza, al contrario, hoy su tiempo está dedicado a buscar nuevos productos, nuevos aromas y nuevos envases, mientras confía que la presentación de los jabones hace que sea un producto ideal para hacer un buen regalo. Más allá de tener presencia en tiendas de Talca y San Javier y también en La Serena, además, hacen envíos a todo Chile, nos dice que su fuerte siempre ha sido la página web que poseen www.3esteros.cl donde exhiben sus productos y mantienen contacto con su clientela. “Tenemos clientes permanentes quienes cada mes nos encargan algo. A veces lanzamos concursos, promociones, etc., la idea es que nuestros clientes estén contentos”, señala.

Actualmente si bien sus productos ya están en algunas tiendas, pronto Tres Esteros estará en farmacias –poseen resolución sanitaria y registro ISP– y si todo sigue su curso, cuenta que estos productos serán exportados a México y no se descarta otros mercados externos. “Desde que empezamos mi ideal siempre fue hacer jabones para exportación, ya nos han comprado personas de otros países a través de la web, y estamos proyectados para salir al exterior. A través de un curso que realicé en Santiago junto a ProChile, Corfo y la Cámara de Comercio de Santiago pude conocer lo que se necesita para exportar”.

Y contenta nos dice que ya ha recibido doce citas de importadoras de México que se interesan por sus productos.

 

 


 

BERNARDITA JIMÉNEZ: Agricultora y productora hortalizas orgánicas

El amor por la tierra y la producción orgánica son parte de la naturaleza de Bernardita. Agricultora, Ingeniero Agrónomo, con especialidad en Agricultura Orgánica, 35 años, trabaja en su Granja Comecológico, en Molina. “Mi trabajo es súper intenso. Trabajar el huerto es todos los días, todo el año”, dice. Pero es también lo que más le gusta, cultivo y producción orgánica de hortalizas y frutos y crianza de animales.

Cuenta que después de la universidad quería seguir aprendiendo y partió a Argentina y Brasil, aquí hizo un curso en agricultura biodinámica. “Tiene que ver con el calendario de la Luna para hacer siembra y cosecha”, dice. En Brasil trabajó en una hacienda enorme. “Me encantó hacer huerta sin pesticidas, sin químicos”. Sintió que había encontrado su vocación y en 2010, volvió a Chile. “Mi papá me prestó un sitio acá en Molina, así como para que me aburriera de lo que hacía”, cuenta divertida. Efecto contrario. “Fue el principio de todo, funcionó y me entusiasmé. Empecé a buscar una parcelita cerca de la casa para comprar. En 2012 compré aquí media hectárea y en 2013 la media hectárea del vecino del lado”.

En su Granja Comecológico, Bernardita se caracteriza por ser innovadora y rescatar alimentos con grandes beneficios para la salud o denominados superalimentos como kale, pak choi, o el topinambur, un rizoma sin azúcar ni glúten. Asimismo cultiva verduras que no se encuentran comúnmente en las ferias o mercados, como 8 variedades en formas y colores de tomates cherries, o cebollín de cebolla morada, gran variedad en lechugas, repollos, zapallitos o rúcula. Cultivo y producción de hortalizas estacionales y de frutos como frambuesas, moras o pepinos.

Fue cuando las familias empezaron a ir con los niños a recoger los frutos y verduras que empezó a aumentar la crianza de animales de granja. Hoy tiene conejos, cabras, ovejas, chanchos, caballos, pavos, patos, y gallinas. Todo este atractivo mundo vivo, rural, le permite ofrecer servicios de recorridos en la granja. “Vienen colegios y familias. En verano o primavera vienen los niños a disfrutar con los animalitos y también les gusta cosechar las moras o tomates y luego llevárselos. Es una experiencia donde se disfruta  además del mundo campesino, se valora la tierra y sus frutos”. Del guano de la crianza de sus animales, luego hace compostaje que utiliza y vende como fertilizante y abono para la tierra.

Ella siente que lo ha hecho bien. Hace sus propias semillas y almácigos y todo lo que produce lo vende a sus clientes particulares y a algunos restaurantes de la zona que eligen sus productos orgánicos. “A veces quedo debiendo productos de un año para otro porque se acaba la temporada y no alcanzo a entregar todo”, comenta. Desde hace un tiempo ya no participa en ferias, su meta hoy es vender su producción en su propia granja para así dedicarle más tiempo a los cultivos.

 

 


 

 

VALENTINA BARRAZA: Productora de infusiones de hierbas, té y salsas orgánicas

En un lugar maravilloso, camino Las Rastras en el sector rural Los Largos, comuna de San Clemente, rodeada de naturaleza viva y árboles como el aromo en flor y acompañada de perros, gatos y gallinas encontramos a Valentina una joven que dejó los libros, las letras y las leyes por una vida en el campo donde fue capaz de reinventarse y ser una emprendedora maulina destacada.

En este acogedor lugar Valentina vive junto a su mamá y abuela, quienes también son emprendedoras. Fresia, su madre, es apicultora y junto a ella empezó a participar en distintas ferias de la región lo que despertó en ella el interés por dejar la ciudad, la oficina y construir una acogedora casa en el mismo terreno de su familia y tener su huerto, sus animales, plan-tas y otros y comenzar a dedicarse a la elaboración de té, infusiones, salsas, con materias primas extraídas directamente de su huerto orgánico. “Estudié Técnico Jurídico y me gustó, incluso iba a seguir estudiando Derecho, pero algo hizo click en mí y dejé todo eso y me arriesgué a tener mi propio negocio y estoy feliz por lo que he logrado y cómo he crecido”, cuenta.

Apenas ingresamos a su nueva casa, Valentina tenía sobre la mesa todos sus productos en exhibición. Mercado Vivo se llama su empresa, que para ella significa una atractiva propuesta a la hora de tomar té con productos como té rojo, verde y blanco, rojo con jengibre y canela, té de manzana con canela, té de zanahoria, etc. “Todos son naturales que cultivo en invernadero, donde obtengo hierbas medicinales, hortalizas y con esto elaboro infusiones naturales; salsas de tomate, guateros de semillas, todo con la misma materia prima”, explica.

Valentina se inició en este rubro en 2014 y a la fecha ha encontrado apoyo de instituciones como Indap y Corfo que a través de programas y fondos le han otorgado ayuda para crecer. Por lo mismo al consultarle por el valor agregado de sus productos, ella no duda en señalar, que la inocuidad de sus alimentos hace que sus productos sean sanos, naturales y seguros para sus clientes.

Señala que para lograr posicionarse en el mercado, debió estar en redes sociales, participar en distintas ferias de la región, en exposiciones y entonces fue logrando contactos. Sin embargo, reconoce que no todo ha sido fácil ya que la competencia es fuerte. “Yo debí capacitarme, asistir a varios talleres, obtener conocimiento de mi área, trabajar de la mano con la autoridad de salud y obtener mi resolución sanitaria, etc. No ha sido simple, pero feliz porque he logrado crecer”, argumenta.

Para el futuro, Valentina tiene varias ideas y proyectos, pero hoy está dedicada a un concurso que se adjudicó en Fundación para la Innovación Agraria FIA, donde dentro de un año, sacará al mercado un snack natural en base a sus materias primas.

 

 


 

DIGNA MARTÍNEZ: Fruticultora, conservas y mermeladas artesanales

Digna Martínez, fruticultora y productora de conservas y mermeladas Misia Milagros, sale a recibirnos al patio de su casa con una sonrisa amplia. “¿Les costó dar con la casa?”, pregunta. Nada, le respondimos. Y es que en el campo uno nunca se pierde. Camino a la Costa luego de cruzar el puente hacia Villa Prat, preguntamos a la primera persona que encontramos ¿Sabe dónde vive la señora Digna? “Por este mismo camino, dele no más hasta el fondo, en una casa con palmeras”, responde.

Digna Martínez vive en esta casa, “desde toda la vida”, dice. En el campo familiar de 28 hectáreas, que perteneció a sus padres, ella vive con sus hermanas y sobrinos. Con unos de ellos trabaja los huertos frutales que son de su propiedad. Sus huertos los tiene parcelados por frutos, en uno paltas hass y negra de la cruz. Arboles vigorosos llenos de frutos. Le pregunto por el sistema de riego. “Reguero botado con agua natural de río”, señala. Más allá está el huerto de damascos, en otro duraznos conserveros, duraznos plátanos y duraznos blanquillos. Todavía nos faltaba conocer su huerto de cerezas. “Los cerezos tienen sistema de riego por goteo automático. Cada año producen más, pero así y todo siempre me falta para todos los pedidos que tengo”, cuenta.

Al fondo nos muestra el huerto de membrillos, antes están las plantaciones de moras, frambuesas y siembras de melones y sandías. Ella está orgullosa de la calidad de su fruta. “Hay árboles que todavía estamos podando”, señala y cuenta que la tierra la trabaja durante todo el año. Lo hace con la ayuda de tres trabajadores. “Aquí cada año removemos la tierra, se aplica fertilizantes y abono natural. Fumigamos muy poco, pero si se necesita los hacemos con productos no tóxicos”, señala.

Sus huertos producen tanta fruta que nos dice. “Cada año vendo a la Frutícola Agrozzi entre 10 y 15 bins de duraznos, de quinientos kilos cada uno. Y parece que este año la cosecha va a ser mayor”. De estos bien cuidados huertos ella selecciona la mejor fruta para elaborar sus conservas y mermeladas artesanales. “En una gran paila de cobre que revuelvo con paleta de madera. Hago toda mi producción de manera casera, sin endulzantes sino con azúcar. Sin químicos ni conservantes”. Su producción incluye miel de melón y huesillos. “Desde diciembre hasta abril es una época de mucho trabajo para mí cosecho y hago mis conservas y mermeladas”

Sus productos artesanales que vende a los vecinos y pequeños mercados de la región, se le hacen poco, pero por el tamaño de su industria artesanal, dice que  tampoco puede crecer. Por eso ella tiene planes. El próximo año postulará a algún proyecto de financiamiento del Estado para emprendedores. “Espero tener ayuda para una sala de procesamiento, embalaje y sala de ventas”, dice esperanzada.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

shares