MAGDALENA BARROS, PROFESORA ORCHARD COLLEGE Y ORGANIZADORA CENA PAN Y VINO CURICÓ

En días en que vivimos tiempos difíciles, cuando pareciera que hay tanta rabia en los corazones de muchos jóvenes, buscamos conversar con una mujer que trabaja día a día con ellos, para entender qué está pasando, para saber cómo nosotros podemos ayudarlos a encontrar un camino.

 

Luminosa, entusiasta y llena de energía esta mujer de 44 años llegó a Curicó hace casi trece años desde Santiago. La segunda de siete hermanos estudió en el colegio Los Andes y luego Historia en la Universidad Católica. Además se tituló de técnico en Turismo y desde hace doce años trabaja como profesora de religión en el Orchard College.

Nos dice que viene de una familia muy pluralista, donde se hablaba de todo y todos opinaban. Tiene recuerdos de una infancia y juventud muy lindos donde primó una educación muy ligada a la parte formativa y espiritual lo que hizo que Magdalena participara activamente en la pastoral de su colegio, en las misiones que organizaban y en cualquier actividad que se relacionara con la ayuda social. Convencida de que esa formación que tuvo en la casa y en el colegio le dieron gran sentido a su vida, reconoce que la presencia de Dios en su corazón ha sido un pilar fundamental que la ha ayudado a sortear las dificultades que ha encontrado en el camino.

 

Espacio y tiempo para disfrutar la familia

Casada con el ingeniero comercial Sebastián Sánchez y mamá de tres hijos, Magdalena, 21; Vicente, 15 y Salvador, 5 años, Magdalena nos cuenta que apenas se casó se fue a vivir a Antofagasta por temas laborales de su marido y recuerda que esa época fue bastante difícil porque su primer embarazo fue de alto riesgo, en una ciudad desconocida, sin redes de apoyo y con un marido que viajaba mucho. “Después de un tiempo volvimos a Santiago y por un tema de salud de Sebastián decidimos hacer un cambio radical en nuestras vidas”. Fue así como se vinieron a Curicó y llegaron a una casa de campesinos, que sus suegros arreglaron cercana a la de ellos en la localidad de Morza. “Nos vinimos sin ningún proyecto. Fue una apuesta y un tremendo renacer en todo sentido. Partimos de cero y no me arrepiento para nada. Logramos armarnos una vida y conectarnos con lo realmente importante. Hoy hacemos mucha vida en familia, una vida muy tranquila con espacio y tiempo para las cosas que disfrutamos. Los comienzos fueron duros, pero sin duda me hicieron crecer, madurar y luchar por mi gran proyecto de vida que es mi familia.”

 

A los seis meses de haber llegado a Curicó, consiguió un reemplazo como profesora de Historia en el Orchard College lugar en donde ha permanecido todos estos años cumpliendo distintos roles. “Trabajar en el colegio me encanta y me llena la vida, llevo ya doce años y disfruto a concho con lo que hago. El amor que tú pones en lo que estás haciendo es súper importante en la vida, por eso es tan determinante que los jóvenes estudien lo que realmente les gusta y no sean adultos frustrados por no hacer lo que les apasiona. Es vital no dejarse llevar por las carreras de moda o por las que económicamente son más rentables. Hay que seguir el camino que nos llega desde el interior. Obviamente que la historia de vida de cada uno nos condiciona un poco en lo que llegamos a ser, pero soy una convencida de que cuando las cosas cuestan las personas se la juegan más, todo se valora, nada se da por sentado, se trabaja por ello.

Lo que siempre les digo a los niños: dedíquense a lo que verdaderamente los haga crecer y sean felices”, afirma.

 

¿Qué pasa hoy con la juventud que pareciera que está muy enrabiada?

Estamos viviendo en un mundo que nos juega súper en contra porque todos los valores que para la sociedad supuestamente son importantes no sé si lo son tanto. Hemos sido torpes y hemos caído un poco en eso. Las personas no valen por lo que son, hoy las personas valen por lo que aparentemente parecen tener. Hemos descuidado la interioridad, no hemos alimentado el alma de las personas y cuando tienes personas con el alma enferma no son capaces de empatizar con el dolor del otro, no son capaces de ver lo que sufre el otro, son personas que no saben perdonar y que viven para sí, son egoístas hemos construido un mundo en donde hemos descuidado lo verdaderamente importante en la vida que es lo que trasciende, lo que nos constituye como persona que es la interioridad.

 

Tenemos jóvenes frágiles interiormente, no saben lo que es luchar por las cosas no saben lo que es esperar, trabajar por las cosas, etc. Siento que nos ha faltado invertir en lo importante y de alguna manera hemos generado niños y jóvenes que en muchos sentidos están enfermos por dentro. Les cuesta mucho empatizar y dejar de mirarse el ombligo y también me sorprenden, porque aparentemente no les interesa nada, pero lo que buscan desesperadamente es construir su propia identidad, buscan llegar a sus propias conclusiones, se preguntan quién soy, qué quiero y uno tiene que dar ese espacio y saber escucharlos con respeto.

 

¿Cómo reconquistar a estos niños para acercarlos al desarrollo de su espiritualidad?

Hay una crisis de familia importante. Para mí la familia es la primera escuela del amor. Es donde aprendemos a amar. Es dentro de la familia donde nos queremos como somos, nos ayudamos, aceptamos nuestras diferencias sin pretender cambiar al otro. Nos tratamos con respeto, aprendemos a ser generosos, a ceder. Hoy vivimos en una sociedad donde la familia está en crisis porque no hemos invertido tiempo para estar en familia. No escuchamos a nuestros hijos, tenemos poca paciencia con ellos. Generamos pocos espacios para ser familia. Muy pocos se dan el tiempo para conversar juntos, comer juntos, jugar y en donde cada uno tenga la confianza y la libertad por ejemplo de decir que no lo está pasando bien y pedir ayuda. Cada uno encerrados en sus piezas ensimismados en su mundo. Hay que educar y cultivar en la familia el aprender a amar.

 

¿Cuál ha sido el rol de la iglesia como institución que apoya a la familia?

 

Hay que partir por entender que la iglesia está viviendo hace ya un buen tiempo una crisis horrible. La iglesia fue instituida por Cristo y está formada por todos los bautizados que somos hombres de carne y hueso con cosas buenas y malas. La iglesia siempre va a tener esta dualidad.  Es santa porque fue instituida por Cristo y pecadora porque la conformamos los bautizados.  Cuando uno quiere y uno ve a la iglesia como una familia porque Cristo es mi padre, es la cabeza y te das cuenta que está enferma, no le puedes dar la espalda. Cuando algo o alguien está enfermo y uno lo quiere uno lo cuida, no das un paso al costado. Así lo veo yo. Sin duda hay muchas cosas que se han hecho mal, ha perdido la humanidad. Hoy el mensaje del papa Francisco es volver al origen de la iglesia en donde la iglesia sirve a los demás.  ¿Quién puede sanar a la iglesia? Todos nosotros tenemos una labor. Debemos volver a centrarnos en el propósito de la iglesia que es ayudarnos a llegar al cielo, para ayudarnos unos a otros, para servir a los demás.

 

¿Cómo aportas tu desde tu ámbito en contribuir al crecimiento espiritual de los jóvenes y niños de hoy?

Yo personalmente digo que tengo dos jefes uno en el colegio y otro supremo que es Dios y yo trabajo para él. Mi labor como miembro de la iglesia es aportar al mundo y a los niños y jóvenes con los que trabajo en mostrar que la fe es algo súper personal, no hay ni mejores ni peores y se construye en el tiempo según nuestra experiencia de vida, nuestros valores, como nos han educado. Aquí lo importante es construir y avanzar y que esta fe me ayude a ser una mejor persona. Todos los días tengo el deber de ser mejor entendiendo que cada uno, según lo que ha recibido, tiene que ir construyéndose no sólo física sino también espiritualmente en el tiempo para poder amar. Y a los niños en el colegio, independiente que crean en Dios, intento que tengan claro que ellos deben buscar ser mejores personas. Es ahí donde nosotros debemos dar el ejemplo con nuestros actos esa es lejos la mejor forma de que nuestros niños aprendan a amar.

 

¿Cómo comenzó la Cena Pan y Vino que realiza el Orchard College en Curicó?

Esta cena Pan y Vino se creó hace ya cinco años con el fin de apoyar al Hogar María Ester, de Sagrada Familia, que pertenece a la Fundación Amigos de Jesús. Nosotros como colegio decidimos apadrinar a este Hogar que trabaja con jóvenes con discapacidad, luego de que un grupo de profesores del colegio fuéramos invitados a conocer su labor. La verdad es que quedamos impresionados con la dignidad que se les daba a los jóvenes, el trato cariñoso y la entrega de los que trabajan ahí. Hoy tienen diez niños viviendo en el lugar y otro grupo que va por el día.

Es un equipo humano increíble que trabaja con mucho cariño y por lo mismo buscamos, haciendo esta cena, una forma de poder ayudarlos con sus gastos. En agosto de cada año y con la ayuda de muchísima gente, en donde mi mano derecha es el grupo de pastoral del colegio, nos enfocamos en esta tarea y buscamos ayuda con los regalos para la rifa, la comida, los auspicios. Trabajamos desde marzo con comisiones y con mucho esfuerzo y cariño para que todo resulte perfecto. Cada año hemos logrado juntar más recursos y estamos felices de ver como los niños del colegio nos ayudan también y se involucran en esta tarea.

 

 

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

shares