CASA GALLET GRAU, VICHUQUÉN. UNA CASA RESTAURADA CON ARMONÍA

 

Esta casa brilla, la belleza la inunda y la luz también. Aquí la calma, la tranquilidad se sienten, y sus dueños lo potenciaron a través de su estilo de vida y la espontánea forma de ir armando los espacios.

 

Esta bella casa patrimonial de 1860, ubicada en el centro del pueblo de Vichuquén que convive con el entorno de manera natural con su arquitectura de de fachadas continuas y que aporta a la estética que la rodea, cuando sus actuales dueños la descubieron hace 6 años atrás se encontraba parcialmente en ruinas. Así y todo el matrimonio Gallet Grau se enamoró apenas la vio. Graciela recuerda que fueron precisamente esos restos llenos de magia los que la conquistaron. De inmediato la imaginó toda blanca en su interior, simple y muy acogedora.

 

Esa actitud atrevida y visionaria de sus dueños, logró revivir y sumarle valor y experiencia a esta casa que hubiese pasado a la historia sin pena ni gloria. Desde que la compraron, ha ido cambiando, pero los Gallet Grau han logrado mantener ese espíritu patrimonial, trabajando con materiales locales y artesanos de la zona.

La belleza de las cosas simples

 

Para la reconstrucción contrataron de manera particular al mismo arquitecto de Serviu  que con su pequeña empresa constructora, por esos días restauraba fachadas, cocinas y baños de las casas patrimoniales del pueblo que habían sufrido impacto tras el terremoto de 2010. El proceso de renovación que duró 9 meses fue natural y bastante espontáneo.

Fueron muy pocos los cambios que realizaron en la estructura de la casa, más bien se adaptaron a ella y sus espacios y, pronto, fueron haciéndola suya. Aquella casa, con las paredes sin pintar, suelos de cemento y baldosas agrietadas y materiales corroídos por el tiempo empezó a tomar su bella forma.

 

Para ellos la opción fue aceptar las limitaciones de la casa en vez de corregirlas, como ellos mismos dicen encontrar aquí la belleza de las cosas simples. Es por eso que los estucos de sus paredes no son lisas, los muros irregulares y las ventanas de la galeria cada una en distinto tamaño necesitó que debieran elaborar vidrios a tamaño. La galería que se despliega naturalmente desde la estructura, luce los coloridos cardenales y enredaderas de bungavillia y plantas trepadoras que la envuelven, dándole una espontánea apariencia de encanto. El espacio es para sus dueños el escenario de numerosos y largos períodos de lectura, descanso y mañanas bañadas de sol.

En el pasillo de entrada agregaron puertas francesas que encontraron en una demolición en Santiago, las que dan ingreso al amplio living de techos altos con vigas de roble centenario, como las de toda la vivienda. Verdaderas joyas patrimoniales que fueron descubiertas durante la reconstrucción al quitar el entablado de los cielos rasos. Sus dueños conservaron también los centenarios postigos de todas las ventanas de la vivienda, que estando abiertos denotan el ancho espesor de sus muros de adobe.

 

Los Gallet Grau agregaron cuatro baños, adecuaron cada dormitorio y construyeron la cocina. Aquí atrae el bello mesón que rodea el espacio. Construido por un artesano local en antigua madera de tejuela de Chiloé y centenarios durmientes de roble de rieles de tren que estaban en desuso. La cocina a leña sus dueños la utilizan como sistema de calefacción en invierno, que se suma al calor de las Boscas de cada dormitorio y chimenea en fierro y ladrillo refractario del living, encargada también a un artesano local.

Otras intervenciones hechas por los dueños de casa son los pisos. Con un look atemporal y elegante utilizaron cerámica italiana en colores azúl indigo y marfil para la cocina y galería; mientras que para el pasillo de entrada y living utilizaron mármol rústico hechos a mano.

 

Armonía y calidez

 

En lo decorativo, el interior de la casa destila una sensación de armonía, combina lo clásico y lo innovador con la calidez que aportan objetos muy personales, como las decenas de recuerdos y objetos vintage, que han recolectado por el mundo gracias a sus innumerables viajes y que tienen algún significado especial para ellos. Entre muchos destaca un buffet provenzal que perteneció a la familia de Denis en Francia; así como otros muebles que pertenecieron a la casa de los padres de Graciela.

El toque moderno lo dan una escalera caracol de hierro construida por un artesano local que permite la conexión con el amplio jardín. Aquí sus dueños conservaron las palmeras, higueras, ciruelos y damascos. Un espacio que Graciela disfruta con sus plantaciones de hierbas y flores para los jarrones de la casa.

 

Cada rincón de esta casa es acogedor y pensado para el descanso. Denis quien vive aquí momentos de oración y profunda introspección, me dice que el pueblo de Vichuquén, patrimonio cultural de Chile, le recuerda su pueblo en el País Vasco. “Es la calma, la amabilidad de su gente. Un pueblo donde todos mantienen sus puertas abiertas para el visitante”, dice.

A los Gallet Grau a quienes les encanta compartir con su familia y amigos, en una acto de retribución a la gente Vichuquén y su historia, mantienen siempre abiertas las puertas de su casa a todos quienes quieran admirar la arquitectura de una casa de época restaurada. “Reconstruir, transformar esta casa y disfrutar los resultados ha sido para mí un regalo de belleza y enorme alegría”, señala Denis con emoción.

 

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